Comité Eureka

En este espacio se publican los artículos semanales de Rosario Ibarra de Piedra, del Comité Eureka. Se obtienen del diario mexicano El Universal (todos los martes en la Primera Sección). Entre a la página www.eureka.org.mx para conocer la historia del Comité Eureka y los nombres de los desaparecidos por los gobiernos de México.

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Nombre: Comité Eureka
Ubicación: Mexico

martes, mayo 10, 2005

Abril 10, ¡Zapata vive!

En memoria de Pável González y en infinita solidaridad con sus padres y hermano.



El pasado domingo, aniversario de la muerte del general suriano, que se sepa no hubo ninguna ceremonia oficial en su memoria. Si la hubo, pasó desapercibida porque no se leyó en medio alguno.

Y es que tanto las páginas de los diarios como las pantallas de televisión estuvieron saturadas de imágenes y crónicas de otros eventos y sucesos que a decir verdad son insulto para el pueblo de México porque ¿cómo aceptar el acto vandálico del desafuero del jefe de Gobierno del Distrito Federal sin sentir que se nos ve cual si fuésemos un almácigo de idiotas?

¿Cómo deglutir sin indignarnos la frase de satisfacción del Presidente de la República, Vicente Fox Quesada, al ser informado del infame acto perpetrado en la Cámara de Diputados? ¿Cómo no sentir vergüenza ante otros pueblos del mundo de que "nos gobierne" la frívola pareja? ¿No se antoja una ridiculez su visita a Roma, aderezada con las lágrimas del varón y las genuflexiones de ella ante un prelado que ni siquiera la veía?

Pero en fin, habrá que reclamarles a los "útiles" que con su voto encumbraron las botas al poder y luchar para que no se repita el estropicio: que no se cuele ninguno de los "siameses" (PRIPAN) de nueva cuenta al más alto sitial del país.

¿Esperanza en ello? Claro que la tenemos, porque mientras este noble y generoso pueblo tenga memoria podrá comparar a quienes lucharon en favor de sus causas con los que traman y logran despojarlos de lo que les pertenece, y este pueblo sí recuerda a Zapata, "Señor de la tierra, capitán de los labriegos", como alguien lo llamó y no como los hipócritas, simuladores que bautizan a sus hijos con el nombre de Emiliano, mientras traicionan su memoria y ensucian o destruyen todos sus postulados... Este su pueblo sí recordó a Zapata, sí rindió homenaje a su lucha en el aniversario de su muerte.

Smaliyel, que significa esperanza en tzeltal, la cafetería internet que lleva este nombre, organizó un acto en su memoria. A la una de la tarde, frente a sus instalaciones nos congregamos quienes sí lo recordamos. Allí, frente a un improvisado monumento, una mesa cubierta con un lienzo verde y un paliacate rojo, estaba un busto en bronce del héroe del pueblo mexicano en sitio de honor. Allí entonamos los presentes (jóvenes en su mayoría) el Himno Nacional y después el himno zapatista, el canto de los indígenas del sur, de los hermanos que siguen luchando en aquel trozo de la patria contra los oscuros designios del mal gobierno y sus socios millonarios, que pretenden despojarlos de la tierra que les pertenece.

Allí, mientras unos músicos, compañeros solidarios, cantaban, recordamos parte de aquel famoso decreto que dictó el 8 de septiembre de 1914 el ya para entonces famoso jefe del Ejército Libertador del Sur. "Las propiedades rústicas nacionalizadas pasarán a poder de los pueblos que no tengan tierras que cultivar y carezcan de otros elementos de labranza, o se destinarán a la protección de huérfanos y viudas de aquellos que han sucumbido en la lucha que se sostiene por el triunfo de los ideales invocados en el Plan de Ayala". Y Emiliano Zapata siguió luchando, junto a otros mexicanos de su talla, por el bienestar del pueblo al que pertenecía, mientras se fraguaba la traición que lo llevó a la muerte.

Taimados, como suelen ser los asesinos, en la sombra de sus despachos urdieron un plan para asesinar al valiente soldado morelense y escogieron para el papel de simulador al coronel Jesús Guajardo, originario del estado de Nuevo León, para afrenta de ese estado, para dolor mío porque en Monterrey nacieron mis hijos y han ido naciendo mis nietos, que no mi esposo y yo: él era de Durango y yo de Coahuila, nací en Saltillo, pero los años más felices de mi existencia los pasé en la ciudad del Cerro de la Silla, hasta que el zarpazo de la represión echeverrista me arrancó la dicha y me trajo al Distrito Federal en busca de una justicia que en ya casi 30 años no he podido alcanzar.

Pero eso sí, la amargura y el odio no han podido aposentarse en mi alma y la esperanza sí vive en ella a sus anchas. Por eso, el 10 de abril, orgullosa acompañaba a quienes siguen viendo en Emiliano Zapata al valiente que lucha sin cesar por las causas del pueblo y a los jóvenes que alzan la esplendorosa oriflama de su dignidad, lo mismo en nuestro suelo que en otros países lejanos en la distancia de la geografía, pero cercanos en los ideales y en las convicciones.
Zapata cayó asesinado en Chinameca, pero a Guajardo no le duró mucho el gusto. Un año después, fue fusilado en Monterrey y mientras al falso militar se le conoce por su traición y se pronuncia su nombre con desprecio, al glorioso héroe suriano se le respeta y en muchos lugares del orbe se grita con orgullo: ¡la lucha sigue! ¡Zapata vive!