Comité Eureka

En este espacio se publican los artículos semanales de Rosario Ibarra de Piedra, del Comité Eureka. Se obtienen del diario mexicano El Universal (todos los martes en la Primera Sección). Entre a la página www.eureka.org.mx para conocer la historia del Comité Eureka y los nombres de los desaparecidos por los gobiernos de México.

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Nombre: Comité Eureka
Ubicación: Mexico

martes, mayo 10, 2005

Como en un colmenar

La especie superior de los animales la raza humana para mantenerse en su lucha...debe unirse como lo hacen las abejas...
León Tolstoi.


La mañana era hermosa, fresca, cobijada por un cielo limpísimo de un azul intenso que doraban a lo lejos los pinceles del sol. Los arriates del Paseo de la Reforma completaban el paisaje maravilloso con la policromía exuberante de sus flores: geranios, pensamientos, narcisos, violetas, lirios y el verde rebosante coronado por las cuentas de plata del rocío tempranero.
Muy de mañana caminaba por la tierra húmeda de los andadores para llegar al punto de reunión decidido días antes para iniciar la marcha en apoyo a Andrés Manuel López Obrador, frente al Museo de Arte Moderno, para que de allí fuésemos juntos hasta el Museo de Antropología.
Se pensó en ciertos colores para la ropa de los asistentes: verde, blanco o rojo, los colores patrios, los colores del moñito, escudo contra el desafuero. Algunos los lucían: chaquetas, zamarras, camisas, faldas, rebozos, en fin, una prenda cualquiera, pero no eran muchos los que las portaban.


La gran masa de "los de abajo" colmaba las calles con el multicolor atuendo cotidiano que les ha dejado la crisis... pero qué bello era aquel torrente de seres humanos que se movía como las aguas de un enorme río desbordado... qué firme era su andar, cuán prolífica su inventiva para llenar mantas y pancartas, cuánta ternura en su respeto y en su cariño hacia un ser vulnerado por un gobierno engreído y lleno de soberbia, hipócrita, falaz, farsante y violador de las leyes que juró cumplir y hacer cumplir, pero que ha torcido a su antojo por lograr sus vesánicos designios... pero que por su turbiedad le han fallado...


Llegué como la varsoviana, "yo solita, yo solita...", pero una vez allí encontré a la gente que siempre acude a esas expresiones masivas de rechazo a las tercas ilegalidades y villanías de los malos gobiernos, y plática y comentarios estuvieron llenos de la confianza que dan la semejanza de criterios y la recíproca simpatía que el compartir ideas otorga.


Mi atuendo no era alegre, no tenía ese trozo brillante del iris que algunos portaban. Mi vestimenta era "el uniforme" de las madres de los desaparecidos políticos mexicanos: el del color que no forma parte del espectro solar, que escogimos porque al arrebatarnos a nuestros hijos nos enlutaron el alma... yo vestía de negro y llevaba al pecho la efigie de mi hijo, copia fiel de la que siempre vive aposentada en mi mente, en mi memoria y en la esperanza en el futuro que él y sus compañeros anhelaron.


Guardaba el gafete que me enviaron "de parte del lic. López Obrador" (dijeron), que me haría invitada al "templete" en el zócalo. Lo guardaba repito porque nunca empalmo gafete alguno a la fotografía de mi hijo y marché en el lugar que me tocó al iniciarse la marcha, cerca de amigos entrañables a los que desde hace muchos años conozco. No me abalancé a acomodarme en la descubierta, como no faltó quien lo hiciera, porque mi único propósito era el de hacer patente mi solidaridad a Andrés Manuel y porque, cuadras adelante, me esperaban los compañeros del comité ¡Eureka!, hombres y mujeres que se integrarían a mi lado en aquel apoyo apoteósico, ridículamente disminuido por los voceros del aparato gobernante del foxismo, en el colmo de la estulticia y el desprecio hacia la inteligencia del pueblo de México y de quienes observan al país desde el extranjero.


Frente al vetusto edificio del Seguro Social logramos que mis compañeros y compañeras marcharan a mi lado y así seguimos hasta el cruce de Bucareli. Andrés Manuel había terminado su discurso y allí, ante la imposibilidad de avanzar, decidimos salir de la marcha.


En el camino de regreso a casa fuimos haciendo recuento de lo que sucedió en el largo recorrido: la alegría, el gozo de ser tantos, el sentimiento masivo de la solidaridad y, ¿por qué no?, el haber compartido las calles, los kilómetros que se borraban a nuestro paso, sin que hicieran en nuestros cuerpos mella ni el cansancio ni el hastío y que durante todo el recorrido, en aquella que sería una marcha silenciosa, jamás dejó de escucharse algo como el zumbido en el abejar.
El sonido maravilloso de quienes trabajan sin cesar en una tarea colectiva para beneficio de todos, sumado a la alegría, al gozo de las almas nobles y generosas de quienes forman este maravilloso pueblo del Distrito Federal a quienes tanto respeto y quiero... Bendita marcha del zumbido en sordina que se volvió chiflido y abucheo de repudio al tránsfuga de las mil caretas... Preciosa marcha hecha de pueblo que no olvida; gigantesco desfile de protesta que sabe lo que quiere aunque los farsantes y los traidorcetes menosprecien su inteligencia y su memoria; bello conglomerado que ha dado todo el fervor de su amparo a las causas que siente justas, sin esperar por recompensa sino la reciprocidad que merece de la justicia que a él le ha sido siempre negada.


Ojalá aprendamos de esos insectos himenópteros; ojalá nos mantengamos unidos como en un colmenar.