Comité Eureka

En este espacio se publican los artículos semanales de Rosario Ibarra de Piedra, del Comité Eureka. Se obtienen del diario mexicano El Universal (todos los martes en la Primera Sección). Entre a la página www.eureka.org.mx para conocer la historia del Comité Eureka y los nombres de los desaparecidos por los gobiernos de México.

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Nombre: Comité Eureka
Ubicación: Mexico

martes, mayo 10, 2005

De lo que le sobra reparte...

Era la noche del 30 de abril de 1974. Mi esposo, el doctor Jesús Piedra Rosales, estaba en su consultorio atendiendo calmadamente a sus pacientes, en apego estricto a la propedéutica médica, que tan necesaria es para formar buenos galenos. La pena que nos causaba la persecución que se cernía sobre nuestro hijo, obligado a vivir en la clandestinidad, era muy grande y la preocupación por su suerte y por la de toda la familia nos hizo solicitar amparos para todos. Ese día en especial el temor era mayor, pues temprano se dio un hecho en el que la policía, sin pruebas aún, involucraba a nuestro hijo.


De pronto un grupo de individuos irrumpió sin miramiento alguno en el consultorio y pretendió llevarse a mi esposo, con el pretexto de que fuese a las instalaciones de la Policía Judicial del estado a "contestar unas preguntas". Mi esposo se negaba y les mostraba un amparo, lo que movió a risa al grupo. El documento fue dejado sobre el escritorio como un papel inservible y a él se lo llevaron a donde querían. Ya en las oficinas de la citada dependencia contestaron al "buenas noches" de mi esposo con brutales empellones.


Él tenía en ese entonces 62 años y sin miramiento alguno lo tomaron de sus escasos cabellos y lo tiraron al piso. Lo despojaron de la camisa, le robaron cuanto llevaba... ¡hasta el termómetro! Le ataron las manos a la espalda y lo llevaron a un lugar en el que estaba un enorme recipiente lleno de agua sucia en el cual se orinaron, todos muertos de la risa. Eran tres los trogloditas, todos jóvenes, altos y al parecer muy fuertes. De nueva cuenta agarraron a mi esposo de los cabellos para obligarlo a sumergir la cabeza en aquella agua hedionda y pútrida, con el fin de que les dijera en dónde estaba mi hijo. Él lo ignoraba pero de seguro, de haberlo sabido, jamás lo hubiera dicho, imaginando lo que podrían hacerle si lo tuviesen en sus manos.


Al borde de la asfixia se alzó como pudo y fue entonces que la enorme rodilla de uno de ellos se le incrustó en la columna vertebral, lo que le produjo un intenso dolor y estuvo a punto de perder el conocimiento... se le había fracturado una vértebra.


Como un fardo lo tiraron al piso y ya recuperando la conciencia los escuchó decir: "Este viejito ya caminó, quítale todo lo que lo identifique y tíralo en otro estado".


Se enderezó para que no cumplieran sus planes y hartos de golpearlo, ya casi amaneciendo, lo condujeron a una de las célebres "tapadas", celdas de la Policía Judicial.


En el trayecto, un abogado que reconoció a mi esposo y que llevaba una orden de un honrado juez para que lo liberaran increpó a los torturadores pero ellos, ensoberbecidos por las "órdenes superiores", dictadas "directamente de Gobernación", todavía lo tuvieron encerrado hasta que "se cumplieran las 72 horas".


La historia posterior, el secuestro de mi hijo, amparado también, es ya de sobra conocida, a la par que las de los cientos de desaparecidos por cuya vida y libertad hemos luchado por más de 30 años.


Narré lo sucedido a mi esposo, que es una copia fiel de lo que hicieron a las familias de todos los desaparecidos; a los amigos, a los compañeros de escuela o de trabajo... y hasta a quienes sin ninguna relación con ellos, sólo porque tenían el mismo apellido, eran detenidos, golpeados, maltratados y a veces desaparecidos también. Y lo digo, porque la mayoría de ellos recurrieron al amparo al verse hostigados por policías y soldados.


Y me vino todo esto a la mente con el consabido dolor que me causa recordarlo por unas palabras del diputado Manlio Fabio Beltrones que hace unos días aparecieron en la prensa y se escucharon en entrevista radiofónica. Indignado a más no poder, el otrora funcionario de la Secretaría de Gobernación, siempre a la sombra de Fernando Gutiérrez Barrios, expresó su inconformidad contra "la absurda determinación del presidente Vicente Fox" en el asunto del desafuero de Andrés Manuel López Obrador. Añadió que es un "despropósito", que "puso el mundo al revés", porque "se echan por tierra a la basura, dicen que dijo 160 años de tradición de la institución del amparo".


¡Ah que el señor diputado! Estoy segura de que ni siquiera se mordió la lengua, por la inveterada costumbre que tiene de hacer disimulo de todo lo malo que durante los gobiernos priístas de triste memoria se hizo.


La frasecita esa de "la tradición de la institución del amparo" debe de habérsele antojado un acierto... y es claro un acierto más de la demagogia y de la mentira de su discurso de muchos años. Ellos, de Echeverría para acá, que es lo que me tocó vivir, no sólo "echaron a la basura" el amparo, sino la Constitución mexicana completa... en ello le tocó enorme parte al entonces secretario del subsecretario y más tarde titular de la Secretaría de Gobernación, Gutiérrez Barrios, y con él, quiéralo o no, comparte la responsabilidad terrible de los delitos cometidos.
¡Caray, de lo que le sobra reparte!

1 Comments:

Blogger Roberto Iza Valdes said...

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12:50 p. m.  

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