Comité Eureka

En este espacio se publican los artículos semanales de Rosario Ibarra de Piedra, del Comité Eureka. Se obtienen del diario mexicano El Universal (todos los martes en la Primera Sección). Entre a la página www.eureka.org.mx para conocer la historia del Comité Eureka y los nombres de los desaparecidos por los gobiernos de México.

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Nombre: Comité Eureka
Ubicación: Mexico

martes, mayo 10, 2005

Es de todas y de todos

Nada te quite tu convencimiento en la bondad de tu hijo. No lo despojes de la confianza maternal porque esto es arrebatarle la vida que le diste.
Constancio C. Vigil.


Mi modesto departamento está lleno de ellas; sí, de cientos de fotografías en las que comparto sitio con mis entrañables compañeras, las "Doñas", como cariñosamente nos han bautizado hombres y mujeres solidarios con la lucha por justicia para nuestros hijos desaparecidos.
En el sitio en que me encuentre dentro de estas paredes, de techo a piso llenas, veo rostros entristecidos, puños alzados, mujeres cabizbajas que ocultan los ojos llenos de lágrimas o cabezas erguidas y gestos airados de reclamo...


Son los trozos de la memoria que no muere ni morirá nunca; son la historia de la batalla contra una infamia; son los documentos de nuestra verdad que se alzan acusadores contra la mentira oficial, contra la demagogia, la hipocresía y la falsedad de los malos gobiernos.


Allí estamos, encadenadas a las rejas de la Secretaría de Gobernación, crucificadas en el zócalo, frente a la catedral, allí mismo, en el atrio, en huelga de hambre, caminando por las calles con mantas y pancartas o encaramadas sobre improvisados templetes frente a Palacio Nacional o Los Pinos, exigiendo la justicia que nos ha sido tantas veces negada.


Y veo las fotografías y los carteles y mi mente se va hasta Guerrero y por allá imagino a Celia, que conmigo fue fundadora del Comité de familiares, junto con Elodia García, la madre de los Gámiz que murieron en Madera, Chihuahua, el 23 de septiembre de 1965, al lado de otros hombres, jóvenes todos, que tempranamente en sus vidas aprendieron lo que era la injusticia y que tempranamente también lucharon contra ella... pero ¡ay!, en ese amanecer de su existencia cayeron probando con sus acciones los ideales que inundaban sus mentes. Y veo a Conchita, la madre de los Corral, y a todas las que con ella han luchado desde Chihuahua, como mi hermosa amiga que ya nos dejó, Laura Saldívar.


Y de Chihuahua salta mi pensamiento a Sonora y a Sinaloa, y las veo a todas erguidas y llenas de esperanza, luchando por sus hijos y por los hijos de las que murieron y les dejaron la tarea ineludible de buscarlos como si fueran suyos. Y recorro la República entera, San Luis Potosí, Monterrey, Oaxaca, Cuernavaca, Guadalajara... y en todas partes encuentro los rostros de mis compañeras que siguen firmes, que no las abate la tristeza por grande que esta sea y mis ojos se posan en las que están siempre cerca porque viven en la capital, en esta gigantesca urbe en la que se centra el poder, ese desde el que se instauró el terrorismo de Estado, ese que puso en práctica el más terrible de los crímenes de lesa humanidad: la desaparición forzada, que se inició en 1969 en Coyuca de Catalán, Guerrero, con el secuestro y la desaparición del profesor Epifanio Avilés Rojas por órdenes del general del Ejército mexicano, Miguel Bracamontes y el mayor Antonio López Rivera.


Sí, decía líneas arriba que veo a las "Doñas" que viven en el Distrito Federal, quienes conmigo comparten esa carga de amor y solidaridad que es la de defender a todos los desaparecidos, porque sus familiares están lejos y nosotros los queremos libres a todos.


Los años han ido mermando nuestras filas y de las de aquí de la capital, en estos últimos años hemos perdido a dos: Alicia Vargas y Delia Duarte. Ellas murieron pero el ejemplo de su lucha quedó en esas fotografías, en documentos firmados por ellas y en miles de volantes que sus manos repartieron entre el pueblo, en las puertas de las fábricas, en las escuelas, en las iglesias, en los mercados y en todos los lugares en donde queríamos encontrar a la gente que como nosotros estaba ávida de justicia. Todas las que quedamos, seguimos esta lucha sin detenernos. Nos indignan las pretensiones obtusas de una llamada "fiscalía especial..." que pretende "indemnizar a las víctimas" de lo que llaman la guerra sucia. A nosotros, Comité ¡Eureka!, que ni se les ocurra acercarse con su factura de muerte. Ni con todo el dinero del Banco Mundial pagarían la vida de uno solo de los desaparecidos. Nuestros hijos no tienen precio... "No tuve hijos para venderlos" dijo doña Reyna Santiago, una valiente compañera nuestra. Aparte, que no se les olvide a estos funcionarios, que nuestro grito perenne es ¡Vivos los llevaron, vivos los queremos", que nosotros no les quitaremos la vida a nuestros hijos, ni con el más leve pensamiento...


Hace apenas cuatro días la Asamblea Legislativa del Distrito Federal me hizo el honor de otorgarme la Medalla al Mérito Ciudadano. Lo agradecí y lo agradezco infinitamente. En mi intervención en tribuna, mencioné a quienes han estado conmigo en esta larga y desigual lucha, pero hoy, en este espacio que ocupo desde hace más de 20 años, he querido rendir un homenaje de respeto y cariño a todos los que sin dudas ni titubeos han estado conmigo en estos pasos, en trances difíciles, en horas de desasosiego y de llanto... por eso digo: la medalla, la presea es de todas... y de todos.