Comité Eureka

En este espacio se publican los artículos semanales de Rosario Ibarra de Piedra, del Comité Eureka. Se obtienen del diario mexicano El Universal (todos los martes en la Primera Sección). Entre a la página www.eureka.org.mx para conocer la historia del Comité Eureka y los nombres de los desaparecidos por los gobiernos de México.

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Nombre: Comité Eureka
Ubicación: Mexico

martes, mayo 10, 2005

Infame usufructo

En memoria de mi abuela materna que honraba y veneraba el trozo de tela de tres colores, símbolo de esta patria.


Desde niña aprendí a sentirme orgullosa del hermoso pendón; sus colores fuertes y llenos de brillo, ondeando al aire, me causaban una extraña sensación que a más de 70 años no alcanzo a comprender.


Era una rara mezcla de gozo, de ternura, de altivez la que me invadía, pero no podía evitar que algo como la filtración de una gota amarga y dolorosa humedeciera aquella amalgama...
Tal vez las lecciones de historia, los hechos heroicos en ella narrados, el recuerdo de tantos hombres y mujeres que murieron para legarnos esta nuestra amada tierra y los jóvenes, casi niños, que lucharon hasta perder la vida a manos de los invasores, y el que saltó al vacío envuelto en la Bandera para que no fuera mancillada por manos enemigas... quizá pienso era lo que desleía tristeza en mi alma párvula... pero siempre fue mayor el gozo en mi feliz infancia, los pocos años de la vida de mi abuela que pude estar a su lado.


Cómo recuerdo a mi abuela desatando un lienzo negro que envolvía la bandera hecha por ella. Brotaba al instante el olor a ébano del asta, cuidadosamente forrada de terciopelo verde y, al alzarla, caía como en olas el pesado razo de tres colores que ella unió con sus manos hábiles y en cuyo centro bordó con preciosura el "águila brava" del Escudo Nacional.


Cada 21 de marzo ondeaba el refulgente lábaro sobre la azotea de la panadería La Voz del Pueblo, propiedad de mi abuela Adelaida, y ella, desde muy temprano, repartía entre los que llegaban a su negocio atraídos por su "santo olor", y entre la gente que transitaba por la calle Zaragoza, unas tarjetitas con la frase que de Benito Juárez, aquella del "respeto al derecho ajeno", que durante días enteros había estado escribiendo con clara y pulida caligrafía y que las colocaba junto a un moñito tricolor.


Lo mismo solía hacer el 5 de mayo y el 16 de septiembre, obsequiaba tarjetas con frases alusivas y el trocito de los colores patrios que nadie se negaba a portar: los hombres en la solapa del saco o en la camisa de obrero, las mujeres en el pecho y los niños en cualquier parte, pero siempre impresionados por el rostro bondadoso de aquella anciana que con dulzura infinita se los entregaba y les decía que amaran a su patria, que defendieran su libertad y que pugnaran porque siempre hubiera justicia para alcanzar a la paz.


Me contaron que sufrió terrible enojo cuando nació el Partido Nacional Revolucionario y se apropió de los colores que ella tanto amaba, y no porque los quisiera para ella sola sino que le parecía injusto que un partido como aquel, Partido Nacional Revolucionario, ancestro del Partido Revolucionario Institucional, se envolviera en la bandera de todos los mexicanos y al correr del tiempo, quién sabe qué pasaría...


Por fortuna, mi querida abuela murió sin conocer desmanes, latrocinios y sobre todo crímenes fraguados y ejecutados por los autonombrados revolucionarios "herederos" de los que sí lo fueron. No supo de la ignominia de su demagogia, no conoció las frases hipócritas de cada uno de los presidentes de la era de los 70 años.


Y no llegó a estos tiempos de la sucia unión de los que se decían opositores, cobijados con los colores marianos, con los que se dicen del partido que institucionalizó la Revolución y quisieron tener el monopolio de los colores patrios.


Ahora resulta que unos y otros, los que con sus acciones de represión brutal mancharon con la sangre del 2 de octubre de 1968 y del 10 de junio de 1971, y con el oprobio de la tortura y de las cárceles clandestinas, los colores sagrados del pueblo de México; y los blanquiazules, que renegaban de los primeros, que mutilaron el "águila brava" y querían incluir en el escudo un ligero tinte azul, hoy quieren prohibir al pueblo mexicano que ostente en su pecho un moñito tricolor, de esos verde, blanco y rojo que son propiedad de todos los que habitamos este suelo y que podemos traerlo sobre el pecho en defensa de lo que creamos justo o simplemente porque nos da la gana, porque amamos este suelo, porque luchamos por la libertad y porque pugnamos por justicia para alcanzar la paz, como decía mi hermosa abuela.


Ojalá mis compatriotas, los millones de este país, sigan en la defensa inclaudicable de sus derechos; ojalá la brecha abierta la madrugada esplendorosa del 1 de enero de 1994 en el sureste mexicano continúe alentando los anhelos libertarios de este sufrido y noble pueblo; ojalá el engaño demagógico, la hipocresía y la mentira mediática no logren atraer la buena fe de los mexicanos.


¡Ya basta! Alcemos nuestras voces en contra de los que nos han robado todo: vidas, libertad, justicia y paz, de los que nos han engañado por años, de los que se sienten dueños, amos y señores de este suelo y de la riqueza que de sus entrañas brota... Acabemos con este infame usufructo.