Comité Eureka

En este espacio se publican los artículos semanales de Rosario Ibarra de Piedra, del Comité Eureka. Se obtienen del diario mexicano El Universal (todos los martes en la Primera Sección). Entre a la página www.eureka.org.mx para conocer la historia del Comité Eureka y los nombres de los desaparecidos por los gobiernos de México.

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Nombre: Comité Eureka
Ubicación: Mexico

martes, junio 07, 2005

¡Fraude! ¡Fraude!

Mi hija mayor me invitó al concierto: más por complacerla y acompañarla, que por el deseo de estar en un evento como ese, acepté. Tres décadas atrás, la ilusión por escuchar música bella y voces privilegiadas me inflamaba el alma, me inundaba la mente y me anticipaba el gozo del futuro inmediato. Todos en la familia compartíamos la afición por aquella maravillosa forma de expresar los sentimientos que los genios de la música nos legaron y que los estudiosos aprendieron a interpretar y por ello supieron también transmitirnos penas y alegrías, dolor y júbilo, con palabras envueltas en notas de esplendor incomparable, de belleza sin igual, o volcadas en melodías, ora suaves, ora sonoras, que la disciplina incomparable de las orquestas sinfónicas o los solistas geniales nos han traído a través de los años.


Desde niña, allá cuando en Chihuahua tenía que dar vueltas a la manija de la "victrola" para escuchar la portentosa voz de Enrico Caruso, quien apasionadamente expresaba su pena por la fría, la gélida manecita de Mimí, o cuando se me llenaban los ojos párvulos de llanto con su aria de Tosca, la cual muchos años después fue la favorita de mi hijo Jesús… desde entonces, la música y sus cantos fueron habitantes naturales de mi ser, parásitos bienamados, criaturas maravillosas de inconmensurable esplendor que aún saturan mi espíritu hoy tan cargado de penas y, a la par que me dan gozo, me traen recuerdos tristes de los lejanos años de la felicidad perdida. En fin, decidí ir con mi hija María del Rosario al concierto llamado Los Tres Tenores, y que abriría lo que bautizaron como el Foro Universal de las Culturas 2007.


El nombre lo escogió según dicen el gobernador del estado de Nuevo León y la prensa se hace lenguas (valga la expresión) de la inventiva del señor González Parás y, "sobre todo", de lo que tan alta tarea involucra no sólo en el título, sino en lo que se pretende hacer con la "universalidad de la cultura", traída a esta tierra. Y en estos momentos se nos viene a la memoria precisamente por el tema el humor negro de Vasconcelos, quien, según cuentan, solía decir que en Monterrey se acababa la civilización y empezaba la carne asada… "Será el sereno", como decía mi padre, pero el hecho es que mal parado salió el gobierno de Nuevo León, pues aseguran no pocos sabía lo de la ausencia de Pavarotti y tuvo el mal tino de dejar la responsabilidad del importante evento en manos de "fraudulentos organizadores". Y la verdad sea dicha: aquello fue un caos descomunal. Aunque debe decirse, en aras de la justicia, que los únicos que cumplieron fueron los conductores de los autobuses que transportaban a la gente de los diversos estacionamientos al lugar del concierto. Atentos, caballerosos y pacientes, informaban a aquella avalancha humana que llenaba sus vehículos y se alejaba de prisa, no sin arrancarles la promesa de regresar por ellos una vez terminado el concierto… ¡Y llegaron puntuales! Adentro nada era seguro. Quienes se suponía podrían informar con veracidad se limitaban a expresar quedamente: "No sabría decirle"… La fila de acceso a las "tribunas" era de seis en fondo y "más adelante les dirán cómo dividirse", decían los más enterados.


De milagro o de chiripa llegamos a la sección nueve de los de color naranja (con asientos tapizados de rojo) ¿Daltonismo, acromatopsia… o eran para los de pensamientos rojos…? Allí nos tocaba y allí nos sentamos. Faltaban unos cuantos minutos para las nueve, en un concierto anunciado para las "20:00 horas" y escuchamos la voz de José Carreras. No lo podíamos ver porque el cruce incesante de personas frente a nosotros, de un lado a otro y viceversa, nos lo impedía… parecían enormes filas de hormigas arrieras, prontas a atacar porque la furia las cegaba… ¡Y con sobrada razón! Entre ellas había quienes habían pagado la friolera de 4 mil pesos y no podían acomodarse en sus lugares… "porque una tarima se desplomó"… ¡Ah, pero eso sí, el señor Fox y su "pareja presidencial", felices y contentos; él con el optimismo que le caracteriza y ella con sus faldas bien fajadas prodigaban sus sonrisas… ¡faltaba más!, mientras miles gritaban a todo pulmón: ¡fraude! ¡Fraude! Los cantantes se sentían como avergonzados y trataban de enmendar las fallas… y a fuerza de voluntad y de la maravilla de sus voces y sentimiento, lo lograron.


Cuando cantaba el joven mexicano yo cerraba los ojos para no ver la caricatura grotesca de Zapata que hizo y con algunas críticas que poco importan, le aplaudí. De los dos experimentados españoles sólo diré que "no sé hacer manzanas pero sí sé cuáles están maduras"… En la crónica del desastre casi dejo fuera el desastre mayor. ¿Cómo es que el gobierno del estado de Nuevo León se atreve a pensar en la "cultura universal" cuando en su entidad las escuelas públicas se están derrumbando, cuando los programas educativos van de mal en peor y cuando niños y jóvenes no logran expresarse con corrección? ¿Qué cultura va a aportar el gobierno de ese estado? Ese foro sólo será un fraude a la máxima potencia.