Comité Eureka

En este espacio se publican los artículos semanales de Rosario Ibarra de Piedra, del Comité Eureka. Se obtienen del diario mexicano El Universal (todos los martes en la Primera Sección). Entre a la página www.eureka.org.mx para conocer la historia del Comité Eureka y los nombres de los desaparecidos por los gobiernos de México.

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Nombre: Comité Eureka
Ubicación: Mexico

martes, agosto 16, 2005

¿De qué se quejan?

... Los deberes de su cargo consistían en mantener en las casamatas y en secreto a detenidos políticos, de uno u otro sexo, y eso de forma tal que la mitad de entre ellos desapareciera en el espacio de diez años...

León Tolstoi.

No me puedo borrar de la memoria las palabras escritas en enormes caracteres, que cubrían casi por entero el muro exterior de la prisión del Campo Militar Número Uno: "Lealtad y Valor". Allá en l975, en los años del inicio de mi búsqueda de justicia, solía ir al fatídico lugar, porque periodistas honestos de Monterrey me aseguraban que por informaciones "filtradas" en la Policía Judicial del estado sabían que mi hijo estaba recluido allí.

En aquel tiempo no era tan difícil el acceso a esas instalaciones militares, hasta había una ruta de camiones urbanos que entraba y en su recorrido iban bajando a los pasajeros; además, nadie me conocía. Recuerdo con cuánta tristeza y con cuánta esperanza me sentaba bajo un árbol a fingir que leía o a comer cualquier cosa para disimular mi pobre espionaje que ilusa pensaba que me daría la clave que me llevase, como por arte de magia, a encontrarme con mi amado hijo.

Observé a las mujeres que hacían fila para entrar y un día me atreví a acercarme. "Soy madre de un desertor les dije a unas de ellas y supe que lo tienen encerrado aquí...". ¡Y estalló el enojo y fue cayendo como una catarata de plomo derretido el arsenal de palabras de inconformidad que guardaban todas ellas! "No soy de aquí, vengo del norte y no se qué hacer para entrar, porque a otro de mis hijos se lo negaron". No se apure, diga que vive en El Molinito y que viene conmigo, me llamo Emilia, diga que es mi comadre... y así, con el "ábrete sésamo" de aquel compadrazgo solidario de una buena mujer, madre de un soldado, entré y dije llamarme María Rosa Ibarra al celador que anotaba los datos de los visitantes, en su mayoría mujeres; entonces no había esas "cédulas de identidad" que son las credenciales de elector.

Me costaba trabajo almacenar en mi mente todo el acervo de humillaciones y de injusticia que aquellas mujeres narraban, llenas de impotencia, todas heridas, todas desilusionadas de una institución que pensaron que honraría a sus hombres, llamáranse padres, esposos o hijos.

Seguí entrando durante seis meses y seguí viendo injusticias... ¡hasta que me descubrieron! No volví, pero visité mucho tiempo a aquellas familias de soldados mexicanos que tuvieron el desencanto al conocer las entrañas de una institución que les predicaba lealtad y se las negaba a cada instante. Pero, ¿qué esperaba habiendo leído las terribles historias de Madera y del 2 de octubre de 1968?

En aquel hermoso pueblo de Chihuahua, tras la muerte de los valientes jóvenes seguidores de los ideales de Ricardo Flores Magón, el entonces gobernador Giner Durán dijo ante todo el pueblo: "¿Querían tierra?, pues entiérrenlos sin caja y bocabajo, para que traguen tierra hasta que se harten". Y qué esperar de Díaz Ordaz en l968, cuando insultó al mundo con aquello de que "fueron unos cuantos", como si una sola muerte en semejantes condiciones no fuera delito.

En estos días en que leo en la prensa la "queja" de "los altos mandos" del Ejército por la deserción que sufren y por el "involucramiento" de los "Gafes" en el narcotráfico, he recordado mucho las lejanas lecturas que de Tolstoi hacía, allá cuando pensaba que solamente el ejército de los emperadores rusos era capaz de atrocidades... ¡qué va! Es increíble la similitud entre aquellos y estos.

El "viejo general" encargado de las prisiones de aquellos desaparecidos, rapaba mujiks y les vestía de soldados al mismo tiempo que los armaba de fusiles con bayoneta calada para que "fueran a matar a millares de personas del país, que defendían sus libertades, sus casas y sus familias".

¿Cómo inculcarle hoy a los jóvenes soldados, reclutados, "cooptados a la salida de las estaciones del Metro, un sistema de valores que comprende: honor, honradez, espíritu de sacrificio, disciplina, lealtad y amor a la patria"? ¿Cómo hacerlos comprender la odisea de "los Niños Héroes", cuando los mandan a que reciban "instrucción militar de élite" en Fort Briggs, EU, "con la encomienda de combatir el alzamiento de los zapatistas y otros grupos armados"?

¿Cómo hacerles entender que ese "amor a la patria" es matar a estudiantes en manifestaciones pacíficas, romper huelgas, asesinar a dirigentes campesinos con toda su familia, como a Rubén Jaramillo?

¿Cómo explicarle a la tropa y a los oficiales honrados la brutal represión que llenó los sótanos del Campo Militar Número Uno de valientes jóvenes que sí sabían lo que era el espíritu de sacrificio? ¿Cómo explicarles a los soldados la tortura en complicidad con los sanguinarios civiles de la Secretaría de Gobernación, que entraban con su carga doliente por la Puerta Número Ocho a dejarla maltrecha en los oscuros sótanos del "túnel del radio" o cerca de la biblioteca?

Después de todo esto y de lo que no cabe en este espacio, lo único que si cabe preguntar al Ejército es: ¿de qué se quejan?