Comité Eureka

En este espacio se publican los artículos semanales de Rosario Ibarra de Piedra, del Comité Eureka. Se obtienen del diario mexicano El Universal (todos los martes en la Primera Sección). Entre a la página www.eureka.org.mx para conocer la historia del Comité Eureka y los nombres de los desaparecidos por los gobiernos de México.

Mi foto
Nombre: Comité Eureka
Ubicación: Mexico

martes, agosto 16, 2005

Se acaba el tiempo

En memoria de los que se fueron: Thelma, Rosita, Manuelita, las dos Alicias, Beatriz, Lucina, Elenita, `La Doña` Varela, Delia y todas y todos los que nos dejaron la tarea de seguir buscando a los suyos… ¡que también son nuestros!.

No hacía mucho tiempo que había llegado al DF. Los terribles días del sexenio de Luis Echeverría se iban de prisa, pero seguían dejando a su paso dolor y llanto en miles de familias mutiladas por la muerte o la desaparición de alguno de sus miembros: un hijo, un padre, hermanas o hermanos, gente con la misma sangre… La sombra oscura de "la noche de Tlatelolco" y el crepúsculo triste del Jueves de Corpus, aún arrancaban lágrimas de pena y de impotencia y sobre ellas corrían como ríos quemantes, los nuevos llantos de esas familias mutiladas. Mi llanto era de esos.

Iba y venía tras el sátrapa; seguía sus pasos a todas horas y atestiguaba lo estéril de sus acciones. Alzando las manos y la voz, gesticulando como histrión, taladraba con su feroz mirada las mentes de quienes le seguían. Daba órdenes "drásticas", que en cuanto se ausentaba eran echadas al olvido.

Busqué a uno de sus hijos y le narré mi historia, El joven atento y conmovido me pidió que le llamara más tarde. Lo hice y me dijo que lo habían regañado "por meterse en las cosas del señor presidente". Una de mis hijas habló con su esposa, doña Esther Zuno, y su respuesta fue que no se podía inmiscuir "en los asuntos del señor presidente", o sea que las desapariciones forzadas, que llevaban a cabo el Ejército, la Dirección Federal de Seguridad y la Brigada Blanca, eran "asuntos del señor presidente"… ¡Más claro, ni la "hermana agua"! Iba a diario a la PGR, a la Secretaría de Gobernación y turnaba las visitas al Palacio Nacional o Los Pinos.

Me sentía más cerca de lo que buscaba en Los Pinos, aquella casa de gusto chocarrero, colmada de equipales, porque allí, en minúsculos cubículos, se amontonaban muchísimos jóvenes que parecían querer servir al pueblo, desde el trocito de poder en el que se encontraban. Pero, ¡oh cruel desilusión! Allí se hacía lo que "el señor" quería y lo que desde la cumbre de su "absolutismo" ordenaba, como comandante supremo de las Fuerzas Armadas, cubierto con el manto de impunidad que su poder omnímodo hizo y bajo el cual cabían todas las atrocidades y perversiones de los que, ciegamente y acorde a sus intereses, actuaban… Siempre confiada en la limpieza de miras de la juventud, visitaba a aquellos licenciados que escuchaban con atención cuanto les contaba. Los recuerdo a todos y de la mayoría guardo recuerdos de gratitud por el interés que me mostraron.

Había uno, muy joven, al que mostré un diario en el que aparecía una fotografía de un hombre muerto en Culiacán, con un sorprendente parecido a mi hijo. "Vaya, señora, vaya a Sinaloa para que se desengañe, porque qué tal si pasan 10 años y no sabe de su hijo"… Sentí frío, un frío espantoso, parecía que por mis venas corrían torrentes de hielo derretido; y fui a Sinaloa… ¡No era mi hijo! La pobre madre me enseñó fotografías del suyo y vi claramente que no era el mío. Yo ya lo sabía porque había observado las manos… aquellas manos de mi hijo, delgadas y finas, de dedos largos, que contrastaban con las del joven arteramente asesinado. Lloramos juntas aquella pobre madre sin esperanza ya y yo con la mía reverdecida por aquel hallazgo que a la par, me alegraba y me llenaba de tristeza, porque mi dicha era la contraparte de aquel dolor sin tregua ni final… A aquella alegría se sumaron otras: que si lo vieron en el Campo Militar Número Uno, que si estaba bien, que si había cerca muchos compañeros, que si ya había pasado lo peor, que ya pronto los juzgarían y los mandarían a Lecumberri. ¡Cuántas palabras llenas de esperanza! Pero nada más. El "señor" se fue; Echeverría dejó aquel "trono" de poder a su amigo López Portillo y las desapariciones siguieron.

Mientras, logramos que se formara con el esfuerzo de 54 organizaciones, un gran frente de lucha: El Frente Nacional contra la Represión, (FNCR). ¡Qué felicidad sentimos! ¡Qué hermoso ver aquella concordia, aquel ramillete de anhelos, aquel mar de consensos! Mientras estuvimos unidos, salieron de las cárceles clandestinas 148 de nuestros desaparecidos; pero al correr del tiempo aquello que se antojaba indestructible, aquel frente de lucha, fue invadido del virus que ha afectado a todas las fuerzas del mundo que pugnan por acabar con la miseria y la explotación de millones, ese horrendo mal que pervierte, que pudre, que mutila y hace que el sendero a la victoria sea largo y difícil… y hasta imposible de alcanzar. ¿Quiénes son dueños de la verdad?

Nosotras, las madres ya viejas, no vamos a esperar a que se pongan de acuerdo todos los que tienen tanto que discutir... Alzando como estandarte los ideales de nuestros hijos, vamos a luchar como empezamos, con uñas y dientes, solas (como tantas veces nos dejaron), porque para nosotras, aunque hemos sembrado para el futuro, el tiempo se acaba.