Comité Eureka

En este espacio se publican los artículos semanales de Rosario Ibarra de Piedra, del Comité Eureka. Se obtienen del diario mexicano El Universal (todos los martes en la Primera Sección). Entre a la página www.eureka.org.mx para conocer la historia del Comité Eureka y los nombres de los desaparecidos por los gobiernos de México.

Mi foto
Nombre: Comité Eureka
Ubicación: Mexico

martes, diciembre 13, 2005

Pruebas del horror

¡Qué dolor aquel! Aún lo siento, la herida sigue abierta y aún sangra; no ha habido cura tan siquiera para amenguar la pena. Más de 30 años han pasado y la injusticia sigue empecinada, maligna y obtusa.

El abril florecido y fragante de aquel año se ensombreció de pronto y un frío jamás antes sentido me invadió el cuerpo y dejó mi alma yerta. Desde hacía dos años los espías rondaban mi casa. No muy lejos, su oscura y amenazante presencia podía sentirse. Torvos y malhumorados, en carros sin placas y las metralletas sobre las rodillas, pasaban las horas del día y de la noche, con descaro inaudito, frente a los hogares de vecinos y amigos.

Un día, con estupor y miedo, dejamos de verlos. Su presencia me decía que buscaban a mi hijo, que esperaban que llegara a ver su padre que convalecía de la tortura que un año antes había sufrido, de manos de aquellos infames.

Su ausencia era mal presagio, era para mí el aviso de que lo tenían en sus manos. y no tardé en comprobarlo. El 30 de abril de l975, el periódico El Norte de Monterrey, daba cuenta de los hechos. Bajo el encabezado: "Cae Piedra Ibarra", narraba la forma en que fue detenido el día l8 del mismo mes, en céntricas calles de la ciudad.

¡Y empezó para mi familia entera el horror! Pero empezó también el "qué hacer". Repartimos tareas. Ni ricos ni pobres como éramos, vivíamos del trabajo honrado de mi esposo, médico de tiempo completo, para mí y para muchos de sus pacientes, verdadero apóstol de la medicina por su dedicación, su altruismo y su trato amable y bondadoso. Él se quedaría en el hogar, a cuidar a los otros tres hijos y yo viajaría al Distrito Federal, a buscar la justicia que en el estado nos negaban.

Agotamos -como suele decirse- las instancias en Nuevo León. Un prepotente gobernador, con doctorado en Derecho en la Sorbona, se atrevió a decirme: "Su hijo no es una mansa palomita", cuando le pedí que intercediera para que lo presentaran ante autoridad competente.

Fue el mismo que antes, siendo procurador de Justicia en la capital del país, acuñó aquella frase lapidaria: "Hay policías ilegales, pero necesarias".

Ya murió, se llamaba Pedro G. Zorrilla Martínez. (En paz descanse). Hay quienes dicen que no se debe de hablar mal de los muertos. Yo no hablo ni escribo mal sobre ellos, escribo lo que él dijo y además lo dije cuando vivía y se lo reclamé a no más de medio metro de distancia y ni él, ni otros "prominentes" juristas, "doctorados en derecho", que han ocupado los puestos más encumbrados en la judicatura del país, han querido hacer justicia.

Por el contrario, se han colocado al lado de los titulares del Poder Ejecutivo federal, que han roto lo que llaman el orden constitucional, que han violado "sus" propias leyes, cuando menos, desde el presidente Gustavo Díaz Ordaz para acá, destacando en lugar ostensible Luis Echeverría Álvarez, quien fuera algo así como "el padrino" de aquel joven gobernador de quien líneas antes escribía y de procuradores de justicia de un "obsoletismo" rayano en el insulto a la inteligencia del pueblo mexicano y de todos los pueblos del mundo a los que quisieron engañar.

Como la historia de la injusticia aquí narrada, hay muchísimas más. Esto nos pasó a mi familia y a mí, pero tenemos denuncias y testimonios de cientos de ellos iguales o peores.

Es desesperante ver pasar los años y encontrar lo mismo en cada uno de los gobiernos tanto del priísmo como en el actual, calificado erróneamente como "del cambio". Nada ha cambiado para mejorar. Las condiciones de injusticia siguen siendo las mismas y el "entendimiento" entre las dos facciones que han ocupado los más altos peldaños del poder siguen siendo las mismas.

Aparte, la llamada "delincuencia organizada", a últimas fechas parece que se ha descubierto, que ha sido organizada (como siempre lo ha sido), desde las entrañas del poder mismo. ¿Cómo esperar justicia entonces?

¿Cómo acudir para convencer a ese ente inútil para nuestra causa, que se llama pomposamente Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH)? ¿Para que ir con nuestro reclamo al otro engendro que dice buscar crímenes del pasado, la llamada Fiscalía Especial para Crímenes del Pasado, cuando lo que es y ha sido y pretende seguir siendo es encubridor de toda la injusticia añeja. y actual?

¡Pobre país, pobre pueblo mexicano! ¡Mis 30 años buscando justicia son pocos comparados con lo que lleva el noble y generoso pueblo mexicano luchando por lo mismo! ¿Qué podemos hacer?

¿Qué pruebas hay que presentar, fotografías, videos? ¿Qué se necesita para que nos hagan caso y resuelvan todos nuestros problemas? ¿Qué hay que entregar para que crean que son ciertos los crímenes cometidos contra cientos de mujeres en Ciudad Juárez, para que no sigan inventando que se trata de "violencia intrafamiliar"?

Y, ¿qué de "El Charco"? ¿Y qué de El Bosque? ¿Y qué de Acteal, y qué de todos los crímenes cometidos contra este pueblo. ¿Qué en el caso de Jerónimo Martínez y de Digna Ochoa y de Pável González?

Y sólo cito unos cuantos, de los miles que existen en la historia del país; de ese "mal" que nos agobia. Pero para bien, con Rabindranath Tagore nos preguntamos: "¿Es el mal absoluto y definitivo?", y con él entendemos que "el dolor (.) no es una cosa fija en la vida.". Lo demostraremos, sin videos, esas sus pruebas del horror.