Comité Eureka

En este espacio se publican los artículos semanales de Rosario Ibarra de Piedra, del Comité Eureka. Se obtienen del diario mexicano El Universal (todos los martes en la Primera Sección). Entre a la página www.eureka.org.mx para conocer la historia del Comité Eureka y los nombres de los desaparecidos por los gobiernos de México.

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Nombre: Comité Eureka
Ubicación: Mexico

martes, enero 10, 2006

Mensajes hipócritas

La tarde, casi la noche del día 30 de diciembre del ya pasado 2005, recibí una llamada de un noticiario de televisión en la que me comunicaban su deseo de entrevistarme, en vista de que "Carlos G. Solana Macías fue detenido...". "Señora -decía la voz del otro lado de la línea-, ¿qué opina de que hayan detenido a quien secuestró a su hijo? ¡Por fin, un acto de justicia! ¿No?". Contra mi costumbre, guardé silencio por un rato que sin duda pareció largo a quien esperaba mi respuesta... y es que durante los segundos que enmudecí, pensaba en los 30 años de injusticia que llevo y que llevamos acumulados quienes formamos el Comité ¡Eureka!

Insistió la voz interlocutora y le respondí a borbotones que aquello que podía ser para algunos "un acto de justicia", para nosotros era punto menos que una bofetada, por lo tardío y por la carga de burla que destilaban las actitudes, los gestos y las palabras del "detenido", ex jefe de la policía judicial del estado de Nuevo León, actor material, junto con su "equipo" de judiciales, de secuestros, de tortura y de la muerte de Carlos Rentaría, joven asesinado por un grupo a quien Solana Macías hacía llamar los "chaquetas cafés", que aun viendo a la víctima sin vida, seguían lanzando sobre su cuerpo inmóvil, ráfagas de metralleta.

La televisión y la prensa dieron noticia plena de ello en su momento... Veintiocho impactos de bala truncaron aquella joven vida... Horas más tarde, ante familiares de unos detenidos en los separos de la policía judicial, su titular decía mientras observaba una fotografía del cadáver: "Se le acabó la suerte, jovencito".

Escribo todo esto porque en cuanta entrevista me han hecho me preguntan si conocí al personaje, que si tengo idea de cómo es, que cuánto sé de él, etcétera.

Y les he dicho que sí lo conocí, que estuvo en mi casa en un "cateo" sin orden para ello, y que estuvo presente en las instalaciones de la policía judicial cuando torturaron a mi esposo tres agentes que obedecían una orden dada por él, para que les dijera en dónde estaba mi hijo, cosa que mi esposo ignoraba, pero que de seguro no se los hubiese dicho aunque lo supiera, conociendo la brutalidad de que eran capaces, ya que lo estaban probando en esos momentos.

Mi esposo sufrió la fractura de la cuarta vértebra lumbar, que lo convirtió en un inválido por espacio de cinco meses, ya que tenía 62 años y sus huesos, como él, eran viejos ya.

Durante todo el tiempo que permaneció hospitalizado y más tarde, ya en la casa, los helicópteros casi tocaban la azotea y vehículos mal disfrazados se apostaban a todas horas a no muy larga distancia, desde donde observaban todos nuestros movimientos y esperaban, con las ametralladoras sobre las rodillas, el momento en el que llegara mi hijo Jesús a ver a su padre, para detenerlo... o quizá con la aviesa intención de repetir lo que hicieron con Carlos Rentaría.

Era el año 1974. El verlos allí me daba tranquilidad... No lo tienen, pensaba, y me quedaba todo lo tranquila que podía... pero una mañana no escuchamos el ruido del helicóptero ni vimos su sombra sobre nuestra casa, y los carros "misteriosos" no estaban más.

Mi hijo no había caído en la trampa que le tendieron durante un año pero pasado éste, en el mismo esplendoroso mes, el l8 de abril de 1975, cuando ya no estaban cerca los sombríos espías, me di cuenta de que lo tenían en sus manos...

¡Y empezó el viacrucis! De entonces a hoy no ha habido reposo, mi mente trabaja sin cesar, no he podido volver a sentir alegría plena; si acaso, uno que otro chispazo feliz que me dan mis otros hijos y mis nietos, y la solidaridad incondicional de amigos y compañeros de lucha, que saben lo que esta ausencia amada significa y me acompañan en el duro batallar contra la perenne injusticia.

Con tono optimista en sus voces, quienes me llaman para entrevistarme inquieren una y otra vez si esta detención no significa para mí siquiera "un pasito". Siento pena al decirles que no pienso que sea así, porque no acostumbro mentir, ni ocultar mis sentimientos de dolor y de rabia ante tanto engaño de que hemos sido víctimas los familiares de todos los detenidos-desaparecidos.

Me veo precisada a explicarles que toda esperanza en las buenas intenciones del gobierno ha sido tronchada por el mismo... con la "ayuda inocente" de fracciones parlamentarias que aprobaron el que los "pobres viejecitos" (como Pinochet) puedan ir a pasar sus condenas en sus hogares... o que si acaso pisan alguna cárcel, sea por poquísimo tiempo, como Miguel Nazar Haro, que estuvo todo el tiempo que pasó en Monterrey, protegido por sus amigos ricos que lo cuidaron dentro del hospital San José, en la parte destinada a ginecobstetricia...

¿Al lugar de qué especialidad mandarán a Carlos G. Solana Macías?

También suelo decirles a los entrevistadores que quisiera estar equivocada; que me daría un gusto indescriptible el que en verdad el gobierno actuara con voluntad política y de una vez por todas acabara con esta nuestra angustia de años.

Una acción de esa naturaleza merecería el reconocimiento de millones de mexicanos y de no pocos ciudadanos de otros países... pero... ¿será posible?

¿Cómo creer en que una cosa así pueda suceder, en medio del oleaje de corrupción, de impunidad y de simulación que nos ha azotado durante todos los sexenios priístas y en este, al que se empecinan en llamar "del cambio"?

¿Cómo ilusionarse con que vendrán acciones limpias y rectas, mientras brotan hipócritas mensajes puristas que pronto se tornarán palabrería hueca?

Por eso nos seguimos preguntando: ¿justicia?